Estaba en mi antiguo instituto, no había absolutamente nadie, excepto una mujer más. En el sueño parecía conocerla desde hace mucho tiempo.
El patio empezó a llenarse de clones de una misma persona, todos vestidos de negro.
Intentamos correr para escondernos. Entre aquella multitud apareció una persona distinta. Los apartó a todos y rompió el cristal para entrar al pórtico.
Me estampó contra la pared y caí al suelo. "¿Ya no te hace tanta gracia?" dijo algo así. Me cogió del cuello con fuerza levantándome contra la pared.
Los clones hicieron todos a la vez un ruido extraño, como un zumbido.
Los ojos del chico que me cogía del cuello cambiaron de forma, eran como de serpiente, su lengua también cambió. "Tienes suerte de que aún quieran que vivas".
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