Su tamaño era igual que el de los árboles de aquel bosque. Su piel era tan dura que las cuchillas de nuestras armas se rompían.
Lancé un hacha, que con suerte, pudo cortar su cuello. La herida era lo suficientemente profunda como para que hubiese llegado a su yugular. Me extrañé de la facilidad del corte de mi arma.
Una voz de hombre se reprodujo en mi mente como un pensamiento "lárgate de ahí".
El gigante se tapó el corte con la palma de su mano y cayó al suelo. Corrí asustada detrás de una gran roca sin entender el motivo de mi acción.
Los guerreros que me acompañaban aprovecharon el momento para atacar su cuerpo desahuciado. Él, en cambio, esbozó una sonrisa siniestra.
Me mantenía observando tras la roca cuando apartó su mano, y a consecuencia, de su cuello salió un fuego que envolvía cada cuerpo de cada guerrero, que lejos de quemarles parecía que les consumiera sin más. Todos ellos fueron absorbidos por su herida que después sanó en segundos. Se puso en pie y tomó el tamaño de un hombre normal.
Parecía ignorar mi presencia por lo que siguió su camino sin mirar atrás.
***
Seguí su rastro cuando cambié mis ropajes por los de una aldeana normal. (mi físico era diferente que el de aquí aunque tenía las mismas facciones, era más escuálida, pálida, y tenía el pelo negro trasquilado por encima del hombro)
Un hombre paró al que antes era un gigante, no conseguía entender lo que decían, parecía otro idioma. Le entregó una bolsita de piel que enseguida abrió para ver lo que guardaba, era una gema de color granate casi negro. El gigante se sintió orgulloso de tenerla entre las manos, volvió a meterla en la bolsita y despidió al otro hombre con una palmada en la espalda.
No sabía exactamente que era esa gema, lo único que sabía era que debía ser mía, desde un principio había sido el objetivo principal.
Se metió en una posada e hice lo mismo. Pidió una habitación y desapareció del recibidor, yo pedí algo parecido a aguamiel.
Al rato vi que salía por la puerta principal. Cuando pude, me levanté de la silla y fui en busca de su habitación cuando se creó un tumulto en la sala. Al encontrarla, saqué mis ganzúas y la abrí.
La bolsita estaba muy visible encima del lecho, no me alegró saberlo, aún así me acerqué a ella y al cogerla me sorprendí al notar un peso dentro. La abrí y dejé caer la gema en mi mano.
- Preciosa, ¿verdad?El hombre que había sido un gigante estaba apoyado en la columna de la puerta, entró en la habitación y la cerró. Se acercó al candelero de la mesita y encendió unas velas de una forma que no entendí.