martes, 30 de junio de 2015

Mansión abandonada

Estaba sentada en una esquina, agarrándome las rodillas. Me encontraba en una mansión oscura, sucia y abandonada. Sentía estar sola, hasta que vi como de mi cuerpo salía una persona, era yo. Era como verme en un espejo.
Se levantó y me miró sonriendo, después empezó a correr desafiándome a seguirla.
Me llevó por unos pasillos de la mansión, estaban llenos de espejos que no reflejaban nada. Por cada espejo que pasaba mi otro yo, su cuerpo iba cambiando. Le empezaban a salir garras, sus extremidades eran más largas, le salían escamas.
Abandonó la mansión y dimos con un puente de tierra, lo único que quedaba en pie, lo demás todo era un abismo. Eso conducía hasta un prado, habían dos espejos y una puerta cerrada en medio.
Mi otro yo empezó a mirarse en el espejo derecho, este si se reflejaba. Empezó a cambiar más, se giró y me miró con sus ojos totalmente blancos y una sonrisa llena de colmillos.
Se había convertido en un monstruo, la piel era negra y escamosa, le salían cuernos por los brazos, hombros y cabeza, desprendía un aura negra que hacía movimiento de humo.
Abrió la puerta y se metió en la oscuridad de ella.
Me miré las manos y me di cuenta que yo también había cambiado, empecé a entrar en pánico y desperté.